30 de noviembre de 2017

Mujer de agua (segunda parte)

Desde una pequeña ventana observo
un sol abrazante y ruidoso,
lo veo dirigirse al sur.

Veo a la tierra perder sus sombras,
y al calor invadir los campos
siguiendo al agua, buscándola.

Aquella mujer silenciosa
dueña de la lluvia y la vida
agonizaba fría en el amanecer.

Herida gravemente por el invierno
había resignado su tallo de huesos
a la espera y al dolor.

Y entonces sucedió.

Desde el prisma de mis ojos la veo,
sigo los fractales del sol estival
hasta sus pies que migran con la hierba.

Se lleva los ríos que nos saciaron
dejando mi desierto con vidas muertas.
Se lleva su agua a otro valle.

Y mientras entierro los mapas astrales
dibujo su historia con mis raíces
que cavan ondo hacia los sueños,
y se alimentan de su felicidad.

El exilio (17 de Noviembre)

El exilio.
.
La idea emigra de su bóveda,
mientras mi cuerpo se desprende
como la arena de un reloj.
.
La idea huye amenazada,
exiliada del confín molesto,
herida critica por el valor.
.
Consigo lleva su nombre extraño,
Y extraños recuerdos de una boca
En atardeceres de primavera.
.
Miro llevarse entre la arena
noches y mañanas desnudas
y otros viajes que no sucedieron.
.
Extrañaré su presencia
en el metro de ajenas ideas
o en el silencio de mis mañanas.
.
Ya no le hablaré en el café
solo morirá en mi desierto
exiliada junto a otros olvidos.
.
ElTercerPiso

Círculos (8 de Octubre)

Círculo del dolor: frío, humedad, hambre, tristeza, retracción, miedo, vacío, escisión, ira, nada. Ciclo que se origina desde el pensamiento inmaduro de las necesidades. La salida solo me es posible comprendiendo que el deseo inagotable de satisfacciones es una ilusión peligrosa. Comprendiendo que mi escencia necesita menos cosas de las que uso. Y que al cuidarlas me protejo a mí mismo de los vorágines del dolor.


11 de agosto de 2017

Callejón

Camino solo en un pasaje mugriento. 
Con vagabundos, botellas y orina repartidos por igual,
desparramados.
Cada paso lo hace mas angosto,
mi cuerpo intenta no contaminarse con las inmundicias abundantes,
que se acercan atraídas hacia mi.

Sigo marchando.
Pisada tras pisada tras pisada.
Y el olor se vuelve penetrante y envolvente.
Pienso que habrá un final.
Pienso en la esquina que esta cerca. 
Una esquina que cruza una inmensa avenida 
abierta hacia mí. 
Lo suficientemente ancha para estirarme sin chocar con muros putrefactos.
Pienso, y el pensamiento alimenta una esperanza. 
Entonces el suelo se vuelve desigual y mis pasos ligeros son ahora imprecisos.

Temo caer y envolverme con la mierda antes de salir.
Temo ser dañado.
Ser tocado.
Ser herido.
Temo que el callejón no tenga fin.
Temo a la noche que se avecina.

Y al fin comprendo,
que el pasaje es una ilusión.
Que estoy en mi cama soñando sueños de profanación.
Que mi tiempo transcurre en un callejón infinito,
y mi mente marcha en el aro infinito e inquebrantable de los ciclos.

Entonces despierto.
En una cama de colillas y botellas rotas.
Levanto mi taza vacía
y la agito despacio hacia las limosnas muertas.